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En las manos de Montse Estruch la cocina se vuelve poesía. Flores, frutas frescas, verduras de temporada, mariscos, hierbas, semillas... acampan a sus anchas por platos que gran belleza plástica. Una provocación para los sentidos, tradición reinterpretada con ojos nuevos, pasión y sutileza.
Sensible, culta, viajera incansable, esta cocinera que aprendió el oficio junto a sus padres en la cocina del negocio familiar, recoge la tradición mediterránea y la actualiza con toques de imaginación y buen humor. Sutiles y delicadas sus recetas ilustran a la perfección un nuevo sentido del refinamiento, en el que todo está calculado y medido. Técnica al servicio del sabor. Cocina de siempre envuelta en colores, aromas y sensaciones desconocidas, que lejos de anular la personalidad de platos clásicos como el fricandó de ternera con setas, el arroz con espardeñas y gambas o los buñuelos de bacalao, la enriquecen.
Desde la terraza rodeada de jardines se contemplan unas preciosas vistas de las cresterías de Monserrat. En el interior el diseño y la rusticidad se mezclan, dando lugar a un ambiente cálido y reconfortante. Una puesta en escena en la que los aromas, la música o las imágenes contribuyen a engrandecer el mero hecho gastronómico. Servicio cuidado y magnífica bodega acompañan una cocina singular cargada de matices, pensada para hacer disfrutar al comensal.
Además de la carta, se ofrece una propuesta más sencilla y desenfadada, llamada bistronómica: un menú a precio cerrado que incluye recetas irresistibles como los canelones.
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